Una vivienda residencial no es solo una vivienda residencial, sino que también es un hotel en potencia. Es una idea que inspiró hace 10 años el nacimiento de plataformas como Airbnb, tecnología que revolucionó el alojamiento turístico, por medio de la economía colaborativa: en un solo portal se conectan habitaciones o apartamentos sin utilizar con turistas que buscan hospedaje barato, y con flexibilidades que los hoteles tradicionales no proporcionan. Lo que brinda un beneficio económico para tanto los propietarios como para los inquilinos que solo se quedan algunas noches.
La economía colaborativa ha penetrado más de lo que se piensa. Existen proyectos que se estructuraron desde la parte arquitectónica y los acabados, para que edificios y apartamentos soporten un flujo constante de personas y evitar zonas comunes subutilizadas. Además, desde el comienzo, los propietarios aceptan un código de propiedad horizontal que permita el alquiler por noches de estas unidades a turistas. De manera que se soluciona uno de los principales problemas normativos.
Son edificios residenciales, pero al estar pensados de esta forma, las personas tienen la opción de habitarlos, arrendarlos de forma tradicional o por noches. Se trata de una versatilidad que intenta solucionar los problemas de flujo de ingresos que suelen enfrentar los propietarios de apartamentos, una situación que ha sido especialmente difícil para los inmuebles de estratos 5 y 6, en el último par de años.
Arrendar por noches es mejor negocio. En apartamentos de 50 metros, se podría cobrar cerca de USD90 la noche. De hecho, aún en escenarios moderados, con tasas de ocupación del 60% al mes, sigue siendo mejor negocio la opción de alquilar por cortos periodos.
Las personas a veces no son conscientes que el principal costo de tener una propiedad es la administración. Por esto los edificios deben generar espacios que produzcan ganancias a los propietarios, por ejemplo, un bar, gimnasios o algún espacio comercial.
Comentarios
Publicar un comentario